Viviría contigo en Tánger

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La distancia más larga entre dos personas es un sueño imposible. Elvira Sastre 

 

De todas las ciudades del mundo, elijo Tánger para vivir contigo.

Estos días mientras la devoro de arriba a abajo ando decidiendo dónde tendríamos nuestra casa. Hay tantas puertas doradas tras las que nos imagino juntos que creo que lo mejor es elegir una bien alta, allá en Kasbah, para amarnos sin medida con la ciudad a nuestros pies, con la ciudad herida tendida justo debajo de la nuestra: nuestra herida compartida.

Sé que es aquí, en Tánger, donde mejor cicatrizaría.

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Viviría contigo en Tánger porque hay tantos gatos que tendríamos miles de vidas para robarles y conocernos en todas ellas como si fuera la primera vez, pero sabiendo, al mirarnos, que ya nos conocimos antes, en todas las vidas que les robamos a los gatos de Tánger.

Viviría contigo en Tánger porque hay tantos escalones que podríamos subir al cielo y robar también las estrellas, mientras abajo, en la tierra, las mezquitas lanzan dulces llamadas y todos rezan, solo nosotros pecamos, jugando a robar estrellas por las escaleras de Tánger. Porque al único dios que puedo rezarle cuando me miras está en tus labios, pero me gusta que nadie más pueda verlo.

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Viviría contigo en Tánger porque nunca hemos estado juntos en Tánger y aún así te veo al final de cada enrevesada callejuela, brillando y apagándote según convenga. Te veo en cada puerta azul y verde y de madera, en cada azotea con ropa tendida al viento, y pienso que es justo allí, al viento, donde quiero colgar nuestros sueños, y secarlos juntos por si aún queda fuerza alguna en el sol de Tánger para revivir nuestros anhelos.

La ciudad no te conoce y aún así te contiene como te contuve yo, ¿o fue un sueño?

Por eso es en Tánger donde viviría contigo, porque ella no te conoce y aún así ya te recuerda, o te inventa, cogiendo trocitos perdidos de ti en mis ojos, que la recorren entera pero solo te ven a ti, te crean.

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Es raro Tánger sin ti, como lo es el mundo entero. Como lo son las camas vacías del mundo en las que no te encuentro. A veces pienso que jamás podré acostumbrarme ya a dormir sola, que jamás tendré calma ya entre las sábanas del mundo mientras mi cuerpo, herido y vencido, siga implorando tu cuerpo.

Por eso elijo Tánger para vivir contigo. Tal vez aquí, donde nadie nos ha visto aún juntos, podamos ser libres y eternos. Podamos ser uno, y no dos mitades separadas por islas malditas y atardeceres que nunca fueron. Tal vez Tánger te necesita tanto como yo pero aún no lo sabe, como no lo sabía yo hasta que me miraste así, y llegó la distancia a robarme para siempre el color cautivo de tu mirada africana.

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Viviría contigo en Tánger para leerte poemas por los tejados. Para dormir tu miedo, para curar las dudas que escuecen más cuando las miro que cualquier pero. Inventaría un idioma nuevo en el que solo cupiéramos tú y yo y mi poesía. Para no dejar de entender nunca esta manera nuestra de no llegar a entendernos nunca.

Viviría contigo en Tánger para ver el mar cada día. Pero no uno cualquiera: quiero ver contigo este mar maldito del estrecho que tantos sueños de libertad se tragó antes que el nuestro, porque es el único capaz de ponernos a prueba. Sabes que en sus garras guarda tanto dolor que no te atreverías jamás a volver a rebuscar en el mío. Este dolor tan mío, tan nuestro. Este dolor distinto que ahora siento porque te imagino conmigo en Tánger. Te sueño, te creo. Pero tú no estás.

¿Volverás a estar algún día? ¿Estuviste alguna vez de verdad o solo fue un sueño?

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Por si nunca nos volvemos a encontrar por estos caminos raros de la vida, quiero mudarme ahora a Tánger contigo. Y que se joda el mundo, que se jodan todas las ciudades que no quisieron vernos juntos. Hay un barco en el puerto de Tarifa que nos espera, muerto de celos por nuestro plan furtivo. No piensa zarpar sin nosotros. De ti depende que llegue a Marruecos o se quede para siempre varado en aguas de nadie.

Entonces dime: ¿Te mudarás conmigo a Tánger?

O no digas nada, mejor, con esa manera tuya de estropear con palabras todo lo que antes dijeron tus ojos. Es curioso cómo a veces nuestra cabeza no encuentra las palabras, pero es nuestra alma la que lanza, sutil y silenciosa, la respuesta correcta.

Así que quédate ahí, mirándome así -como me imagino que me miras ahora en la distancia- con el alma contenida en tus pupilas africanas, diciendo que sí, que ya has hecho las maletas.

O mejor aún: que no hay maletas porque no necesitamos nada, ni siquiera ropa. Que vivirías conmigo en Tánger todas las vidas que le robemos a sus gatos, pero desnudos, que es como mejor nos entendemos. Y que se joda el mundo, las islas, los océanos.

Que se jodan todas las ciudades que no quisieron vernos juntos.

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Pero sobretodo, viviría contigo en Tánger porque nadie sabe

-solo Tánger-

la forma en la que yo te espero.

1 Comment

  1. ❤️
    No se me ocurre otra cosa que decir…
    ❤️

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