Sachsenhausen, los restos del horror nazi

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Al norte de Berlín, en la población de Oranienburg (Brandeburgo), se encuentra el campo de concentración de Sachsenhausen, construido por los nazis en 1936. El campo está a tan solo 35 kilómetros de Berlín, así que si estás planeando un viaje a la capital alemana tienes una parada obligada en este lugar. Vale tanto la pena que saldrás de allí pensando que ha sido lo mejor del viaje!

Recomiendo realizar este tour acompañado de un guía, aunque siempre hay los que prefieren hacer la visita en solitario con los llamados “audioguías” (son unos aparatos que se alquilan en la entrada y cuestan unos 3 euros) creo que en lugares con tanta importancia histórica como este es imprescindible tener cerca a alguien que te vaya transmitiendo con detalle todo lo que allí sucedió. Yo recorrí Sachsenhausen con un guía de Vive Berlín y fue una experiencia maravillosa. Este tour lo ofrecen de forma gratuita a cambio de que les des “la voluntad” al terminar la visita. Quedaréis en un meeting point en la ciudad y desde allí el guía os llevará en tren hasta el campo de concentración, por lo que también puedes despreocuparte de cómo llegar.

Es imposible transmitir en unas palabras lo que se siente al pasar esa puerta con la inscripción arbeit macht ere (el trabajo os hará libres). Lo que hay al otro lado es una inmensa explanada rodeada de alambre de espino en la que quedan pocas infraestructuras en pie (una de las razones es que los nazis lo intentaron destruir todo cuando perdieron la guerra), pero son suficientes para hacernos una idea de cómo funcionaba este lugar.

El vacío y el silencio que reinan hoy en el campo hacen escalofriante imaginárselo habitado. A penas unos minutos en Sachsenhausen son suficientes para empezar a visualizar los rostros huesudos, las miradas perdidas, los pijamas de rayas arrastrándose por el lugar. Salen de las fotografías y parecen caminar a tu lado. Cientos de miles de personas despojadas de su humanidad. Es triste y sobrecogedor, pero es importante conocer y recordar que sitios como este han existido y siguen existiendo, con otros nombres, en muchas partes del mundo.

Dentro de estos barracones el tiempo parece congelado. El olor, el crujido del suelo… Paradójicamente, el reloj que encontramos en el edificio de la entrada está parado a las once y siete, justo la hora en la que se liberó el campo.

Unos cuantos barracones, la cárcel, la cocina (convertida en museo, con fotografías y objetos de la época), el paredón de fusilamiento, la enfermería y la morgue son los únicos lugares que se conservan en Schasenhausen del horror nazi. Entrar en la morgue es como bajar al inframundo. El frío que hace allí abajo es indescriptible. Puedes sentir como te atraviesan miles de almas atrapadas en el tiempo… Pero sin duda, lo más impactante son los restos de lo que fueron las famosas cámaras de gas. Bajo ese suelo yacen los huesos de miles de personas sin nombre que fueron gaseadas sin piedad. Es un cementerio.

En ese lugar el guía os contará la historia de las formas de aniquilación que fue utilizando Hitler hasta llegar a la “solución final”, y cómo sus soldados se volvieron locos de tanto apretar el gatillo, de tanto mirar a los ojos de los muertos.

En Sachsenausen también se realizaron cientos de experimentos médicos de lo más grotescos con seres humanos. Algunas historias de las que conoceréis en esta sala no son aptas para los más sensibles.

Iréis conociendo lo que ocurrió en el campo en cada época. Al principio fue un campo de trabajo en el que se encerraba a presos políticos, pero pronto se convirtió en una pieza más del plan de exterminio de Hitler y miles de judíos, polacos y más tarde, prisioneros soviéticos, fueron hacinados y asesinados aquí. Tampoco se libraron los criminales comunes, ni los opositores al régimen, ni los homosexuales, los comunistas o los testigos de Jehová. Se calcula que pasaron por el campo más de 200.000 personas y unas 100.000 fueron asesinadas.

La historia que arrastra este campo es especialmente dolorosa porque el horror no terminó en 1945 con la caída del imperio nazi, sino que se reinventó en manos soviéticas: pasó a convertirse en el Campo Especial Nº7 del NKVD. El nuevo fue igual o más tenebroso que el anterior y se mantuvo en funcionamiento hasta la década de los 50, llevándose la vida de, al menos, 12.500 personas más.

También yace en sus entrañas parte de nuestra historia. Cientos de exiliados republicanos fueron capturados y encerrados en Sachsenausen durante la posguerra española. Entre ellos, fue asesinado el político Largo Caballero.

Tanto si eres un amante de la historia como si no, conocer este lugar te dejará una huella imborrable. Recalco aquí la importancia de los guías físicos porque valoro mucho su trabajo y su conocimiento, y porque me parece admirable que alguien aporte su granito de arena para que lugares como este nunca se olviden. Mantienen viva la que, al fin y al cabo, es historia de la humanidad.

Pero si pasas de un tour en grupo, entonces te interesará cómo llegar a Sachsenhausen (ver mapa):

  • la forma más común es cogiendo un tren hasta la estación de Oranienburg; el S1 pasa cada 20 minutos y son unos 45′ de trayecto. Lo puedes coger en Berlin-Friedrichstraße y bajarte en la última parada, que es Oranienburg. Necesitas comprarte un ticket de las zonas ABC (en las máquinas del metro siguiendo los pasos que te indican) y cuesta unos tres euros.
  • una vez en la estación de Oranienburg puedes o bien ir a pie siguiendo los carteles, se tarda como 20 minutos y es fácil,  ya está indicado el campo durante todo el camino; o bien coger uno de estos dos autobuses: 804 o 821 hasta la parada Gedenkstätte. Los dos paran en frente a la puerta de la estación y te dejan a la entrada del campo.

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