Praga, la ciudad de los amantes

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Praga no viste de seda, ni falta que le hace. La vieja ciudad dorada presume de ser una de las más bellas sin ni siquiera pretenderlo. Y es que Praga, detrás de sus majestuosas fachadas, esconde una niña asustada a la que todo le robaron.

  • Este post no es una guía para visitar Praga, sino una oda a la ciudad que me robó el corazón, como a tantos antes. Es un canto a la belleza. Son los sentimientos que todos experimentamos cuando pisamos la ciudad por primera vez, convertidos en palabras. 

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Praga es como esas mujeres acomplejadas por ser tan guapas, que acaban descuidando e incluso ocultando su belleza para evitar que nadie más pueda mirarlas, que nadie más quiera amarlas. Ya ha perdido la cuenta de todos los que se creyeron con derecho a amarla y está cansada de falsas miradas.

Tantos se enamoraron de ella, tantos la desearon, la conquistaron y abandonaron que Praga está ya harta de todos cuantos la pisan. De los hombres a caballo, de los guerreros, los fotógrafos y los artistas. Todos quisieron su pedacito y ahora ella está cansada. Cansada de ser tan guapa. Y esconde su grandeza en una apariencia vieja y arrugada. ¡Ay, Praga! Si tú supieras, que hasta desgastada eres la ciudad más bella en la faz de la tierra…

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Hoy Praga es la quinta ciudad más visitada de Europa y posiblemente la que más amantes tenga del mundo entero. Y no llegué a entender si eso le desagrada del todo. Como cualquier mujer, es coqueta por naturaleza, y todavía logran sacarle alguna sonrisa los que no se cansan de admirarla. Pero ella está agotada de tantas botas que a diario pisan el Puente de Carlos. De tanta foto robada en cada una de sus esquinas. Está vieja y arrugada y necesita descansar un rato. Dormir y soñar con los años en los que su mejor amante, Kafka, le acariciaba las calles.

¿Dónde escondes hoy tus palabras? Escuché que susurraba cerca del Callejón del Oro.

La Praga de antes, la Praga dorada. Esa es a la que busqué desesperadamente por cada café, por cada callejuela, esas que Kafka llamaba “escupideras de luz”. La busqué en los sonidos del tranvía, en los cisnes del río Moldava, en sus más de cien torres, en sus puentes empedrados… Y encontré una ciudad valiente y aturdida. Encontré grandeza escondida, melancolía.

Y anhelo de aquellos años convulsos en los que hasta de una piedra se hacía una poesía.

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Pero, ¿cómo no voy a amarla yo también si me lanza esas tímidas miradas? Si guía mis pasos por su empedrado para contarme secretos, para tenerme a solas. Praga, aún cansada, sigues regalando sueños y robando anhelos.

Praga, tan bella y sola, a pesar de tantos intentos.

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Musa de tantos y dueña de tan poco

A Praga todo se lo robaron. Desde el corazón hasta las plazas, y dónde está el corazón de una ciudad sino en su plaza. La plaza de la Ciudad Vieja, donde hoy se apelotonan los turistas a las en punto para ver como la muerte les recuerda que ya están una hora más cerca de ella, fue antaño escenario de revoluciones y asedios. La plaza de Wenceslao, de primaveras y gritos de terciopelo.

Gracias Praga, por mantenerte viva aún herida, por luchar y ganar y conservar tu historia como un tesoro. Como una reliquia. Gracias a esa lucha, a ese aferro, hoy puedo encontrar trozos de la historia en cada una de sus rendijas. Imaginarme las calles llenas de arte y los cafés de artistas. A diario te leían poemas, te escribían canciones, te entendían… Hoy ya nadie se para a susurrarte secretos, nadie quiere buscar razones, nadie te lanza besos, simplemente te roban fotos en las esquinas.

Una ciudad que inspiró a Mozart, a Beethoven, a Vivaldi, que se coló en los poemas de Seifert, en la cabeza de Einstein y en el corazón de Kafka. ¿Cómo no iba a estar llena de arte, de vida?

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Todo es posible en las viejas y pisadas calles de Praga. Hasta a John Lennon te lo puedes encontrar paseando por la isla de Kampa. Su muro es uno de los principales emblemas de la ciudad que hoy Praga luce orgullosa, como diciendo “mis chicos, a los que nadie pudo callar”. Esos que en los 80 llenaron las paredes de Mala Strana con mensajes de amor, frases pacifistas y letras de canciones de los Beatles, en honor a un Lennon asesinado y aún más: en honor a su honor. En honor a un pueblo silenciado.

Sé que a Praga le gustaba escuchar a escondidas Imagine con los locos de pelo largo, mientras el régimen comunista buscaba puerta por puerta notas musicales que apagar. Suspira Praga al pensar en los años convulsos, los años dorados.

¡Ay, Praga! Cuánto tiempo he pasado pensando en ti y tú que solo miras al pasado.

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Así fueron corriendo los pocos días que disfruté en la ciudad dorada. Las a penas dos tardes que pude desnudarla, sentirla, acariciarla. Se acabó su atardecer sobre el río y su mágica hora azul buscando al Golem por el Barrio Judío. Y me fui de ella, me alejé, la abandoné, como al fin y al cabo todos la abandonan, y me quedó esa sensación amarga en el alma.

Ese dolor, esa pena tan grande que sientes cuando te has enamorado de Praga.

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