Gengenbach & Schiltach: pueblos de cuento

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La Selva Negra alemana está plagada de pueblos de cuento que te robarán más de un suspiro. Pequeñas poblaciones de tejados puntiagudos y entramados de madera que, ocultas durante siglos en la oscuridad y la niebla, escondidos al final de carreteras imposibles, son uno de los secretos mejor guardados de Alemania que hoy brilla en todo su esplendor.

Lo ideal es recorrer este macizo montañoso en coche y pasar más de una semana en la zona para conocerla a fondo.

Pero si, como yo, solo tienes unos pocos días para quedarte en la Selva Negra, lo primero que tienes que saber es que te va a llover mucho y que esos 3 días pueden convertirse en solo uno aprovechable… ¡Pero no te desanimes! El mejor plan alternativo si la lluvia no da tregua es elegir un buen Gasthof y disfrutar de su comida y comodidades.

Y aunque elegir entre la gran oferta de pueblos que hay para ver puede parecer difícil… ¡No lo dudes ni un momento!

Gengenbach y Schiltach son tus opciones :)

Gengenbach

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[ver mapa] En cuanto pones un pie en Gengenbach, lo sabes: estás en un lugar especial, incluso estás en un lugar único. No por casualidad fue el pueblo elegido por Tim Burton para grabar los exteriores de Charlie y la Fábrica de Chocolate.

De hecho, en cuanto cruzas la Torre de la Puerta (a la entrada del pueblo) con su dorado reloj en el campanario, te preguntas, anonadado, si es que acaso habría en el mundo un escenario mejor para una peli de Tim Burton…

De la Torre principal pasas a la Plaza del Mercado, la única plaza de Gengenbach, en donde seguramente te encontrarás un mercadillo de productos artesanos y a vecinos vendiendo los bizcochos más deliciosos que hayas probado jamás (eso si consigues un trozo sin avispas) y de fondo, el curioso Ayuntamiento con su calendario de adviento.

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O mejor dicho, el propio Ayuntamiento es un calendario de adviento en sí mismo. Nada más y nada menos que el más grande del mundo. Sus 24 ventanas representan los 24 días que se cuentan antes de Navidad. Lo que me hace pensar una cosa: muy bonito Gengenbach en agosto, pero hay que volver en diciembre :)

Lo mejor que puedes hacer en el pueblo, después de pasar la plaza, es callejear. Ni siquiera necesitas un mapa porque Gengenbach no cuenta con más de 5 o 6 callejuelas y perderte por ellas es una experiencia mágica. Dicen que Engelgasse y Höllengasse son las más bonitas. Desde luego que no te dejarán indiferente, pero tampoco lo hará el resto del pueblo.

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En Gengenbach todo está cuidado al más mínimo detalle. Cada puerta con sus adornos, cada calle con sus flores y sus enredaderas, los bancos tallados… Las casitas con su entramado de madera te fascinarán en un primer momento, pero tan solo 10 minutos de paseo bastan para darte cuenta de que Gengenbach es mucho más que madera y tejados bonitos.

Y para comer, nada mejor que un auténtico perrito alemán, calentito y sabroso, en alguno de los puestos de la plaza. Mientras nos comíamos nuestros perritos sentados en un banco de la Plaza del Mercado, empezó a temblar el suelo… Y a los pocos minutos, cientos de moteros tomaron el pueblo!

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Schiltach

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[ver mapa] Si Gengenbach me gustó, Schiltach me enamoró. Es mucho más pequeño que el anterior, ya que solo tiene dos o tres calles para recorrer, pero es una delicia… Acogedorelegante y todavía alejado del turismo masivo. Por suerte es bastante más desconocido que Gengenbach y eso ha hecho que conserve mucho mejor su esencia.

A Schiltach accedes cruzando uno de los dos ríos, Kinzig y Schiltach, que rodean y cruzan el pueblo. De hecho, medio pueblo está dispuesto alrededor de los canales y eso le hace parecer más encantador si cabe… Sus casas, construídas entre los siglos XVI y XIX, son el mejor ejemplo de la arquitectura de la zona: tejados puntiagudos y entramados de madera por doquier que no dejarán de fascinarte.

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La Plaza del Mercado es una de las mejor conservadas de todos los pueblos de la Selva Negra. No hay nada en ella que no te traslade al medievo… Tal vez, los pocos coches aparcados deberían mantenerse fuera del pueblo, para no estropear la armonía.

En el Ayuntamiento no encontramos ningún calendario de adviento, pero sí podemos leer la historia de Schiltach a través de las pinturas repartidas por su fachada, que ilustran hechos importantes del pueblo.

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Los puntiagudos tejados de sus casas no dan al cielo, sino a las colinas que lo rodean, al espectacular paisaje verde que convierte este pequeño pueblo en un enclave mágico. Recorrí Schiltach cien veces en una mañana, de arriba abajo y de abajo arriba. La lluvia me calaba la ropa y la niebla se me metía en los huesos, pero mis ojos chillaban de placer.

¿Cómo puede ser real tanta belleza? Y no exagero. Schiltach es bello a rabiar. Tan bello que hasta duele despedirse. Tan bello que se coló en mi cabeza para siempre…

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Schiltach es meternos en un cuento de los Hermanos Grimm, es pasear de la mano de Andersen. Es una taza de chocolate caliente en un antiguo café, es un camino por la orilla del río. Es formar parte de un secreto.

Schiltach es entrar en el corazón de la Selva Negra entregando el tuyo a cambio. Es cambiar todo lo que conoces por un “me quedo aquí”.

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  • Dónde dormir. Si buscas alojamiento cerca de Schiltach tengo el lugar perfecto para ti: Gasthaus Zur Staude :)

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