El sueño de Stone Town

STONE TOWN

Cuando llegué a Stone Town por primera vez  ni siquiera le presté atención. Caminé durante unos minutos por las calles que unen el puerto con Darajani para coger mi dala dala destino a Nungwi y a penas levanté la vista del suelo un par de veces. Lo que no sabía entonces, es que solo unos días después, esas mismas calles aparentemente inútiles iban a significar tanto para mí.

Volví a Stone Town tres días después de mi llegada a Zanzíbar, en un intento desesperado por escapar de la tristeza de los atardeceres del norte y de la feroz soledad del este. Volví a Stone Town, tres días después de haberla ignorado, buscando una cura para la herida inesperada que me había abierto la isla. Y no solo encontré consuelo, encontré también el amor de un lugar del mundo que siempre se me había antojado tan ajeno y raro. De una cultura extraña que acabó resultando dulce, amable y placentera en mi joven tacto viajero.

STONE TOWN_03
Unas mujeres por las calles de Stone Town | Zanzibar 2016

Stone Town fue para mí un choque vital, un cambio de rumbo, un deseo efímero que, durante más de un segundo, pudo convertirse en eterno. Fue un ramadán inesperado, que me contagió su quietud y su calma, que me forzó a entenderlo lento e incluso llegar a añorar vivir en esa paz para siempre.

Y me enamoré. Me enamoré de Stone Town, loca y desesperadamente, como quien se enamora por primera vez. Y en cierto modo, lo fue. Nunca antes había paseado sola por una ciudad tan ajena a mí, nunca antes había sentido una conexión tan grande con un lugar del mundo que, sin estar en mis planes, recorrí y saboreé primero con decoro, y con pasión después. De repente me encontré mirando a los ojos de una ciudad desconocida y sentí como si llevara esperándola toda la vida.

Y me enamoré de ella.

Y durante un momento, solo un momento, juro que podría haberme quedado a vivir en su mirada.

Atrapé está mirada en alguna parte de Stone Town | Zanzibar 2016
Atrapé esta mirada en alguna parte de Stone Town | Zanzibar 2016

Soñé y deseé por sus callejones viejos, llenos de gatos y olor a pescado. Soñé con quedarme a vivir en el piso de Hayley, y jurarle amor eterno a su azotea y al baile de estrellas que me reconcilió con la isla. Fue mi primera noche sola en Stone Town y juro que ese cielo me salvó la vida.

Jugué y blasfemé con los deseos que surgían en mi interior y busqué caminos en donde solo encontraba muros. Amé y lloré cada uno de sus rincones, cada secreto que descubría en sus arrugados recovecos. Le perdoné su triste pasado y nos sentimos como dos desconocidos que habían nacido para encontrarse, como dos fantasmas errantes que habían descubierto en el otro la manera de volver a la vida.

Vistas desde mi nueva casa de couchsurfing | Zanzibar 2016
Las vistas de chapa desde mi nueva casa de couchsurfing en Stone Town | Zanzibar 2016

Y entre constelaciones, entre atardeceres color pastel y puertas talladas de madera, entre cervezas Sawa y cigarrillos a escondidas (del ramadán), me enamoré de ella. Y lo sigo haciendo, cada mañana, cuando la vista infinita de los tejados de chapa de Kiswandui, donde “vivo” ahora, me saludan desafiantes, y me desenamoro cada noche, cuando la oscuridad trae consigo las aún más oscuras dudas y las encantadoras callecitas de Stone Town se convierten en callejones sin salida. Y la llamada a la oración en diez mezquitas distintas estalla en la noche, se cuela en mi cama, y las dudas se vuelven más oscuras todavía.

La vida, siempre en los merados | Zanzibar 2016
La vida, siempre en los merados | Zanzibar 2016

Yo no quería y no sé cómo pasó, pero me atrapó. Con su aroma a especias y sus colmillos sucios, se enganchó en mi pecho y lo infectó todo. Y tampoco sé si fue ella o, como dice el poema, me gustas por quién soy cuando estoy contigo. Tal vez aquí, en la ciudad de piedra, soy la versión de mí misma que siempre quise ser.

Y ahora tengo el corazón a punto de explotar y ya no sé si es amor por el color descorchado de estas paredes sucias, o el dolor por una despedida que acecha, silenciosa, en las sombras de la ciudad, como algo que todos saben que está ahí pero de lo que nadie habla. Es curioso pero así se plantea también mi vida de ahora en adelante. Y fue aquí, en la ciudad de piedra, cuando empecé a saberlo.

Y pasar el rato en las calles es, por supuesto, su cosa preferida | Zanzibar 2016
Pasando el rato en alguna calle de Stone Town | Zanzibar 2016

Hoy he tenido ganas de llorar de felicidad las mismas veces que de pena. No quiero que se acabe el sueño, no quiero…

Y a pesar de las oscuras dudas, siguen resonando las mismas palabras en la habitación: donde hay un deseo, hay un camino.

 

escrito en una noche de insomnio en Stone Town, llena de estrellas y de deseos, pero no de caminos.

 

Las puertas talladas de madera por toda la ciudad... simplemente morir de amor | Zanzibar 2016
Las puertas talladas de madera por toda la ciudad… simplemente morir de amor | Zanzibar 2016
Artistas dentro de la Fortaleza | Zanzibar 2016
Artistas dentro del Castillo, al lao del puerto | Zanzibar 2016
Pescado fresco en un mercado cualquiera | Zanzibar 2016
Pescado fresco en un mercado cualquiera | Zanzibar 2016
Un hombre vigila su puestecillo de frutas | Zanzibar 2016
El hombre que pelaba patatas enfrente a un puestecillo de fruta| Zanzibar 2016
Haciendo mudanza | Zanzibar 2016
Haciendo mudanza | Zanzibar 2016
Un barco pirata en una tarde cualquier | Zanzibar 2016
Un barco pirata en una tarde cualquier | Zanzibar 2016
Uno de mis atardeceres desde Stone Town | Zanzibar 2016
El último de mis atardeceres desde Stone Town | Zanzibar 2016

2 Comment

  1. Iñaki says: Responder

    Zorionak viajera

    1. M. Ares says: Responder

      Mila esker! :)

Responder a Iñaki Cancelar respuesta

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>