El sueño de África

Elsueñodeafrica

 

Junto a las barrancadas abismales del valle del Rift, ante el soberbio trono del Kilimanjaro, en los bordes del cráter del Ngorongoro, en las sabanas salvajes del gran Serengeti y en las playas nacaradas de Zanzíbar, el alma acata con reverencia animal la grandeza del mundo. El sueño de África, Javier Reverte

 

A todos nos han dicho alguna vez eso de “ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”. Y cuando un sueño está a punto de cumplirse —ahora lo sé— el miedo puede llegar a ser más real que el propio sueño. Tanto anhelar convertirme en protagonista de mi propia historia y ahora, a cuatro días de cambiar los tejados de Chamberí por las cumbres nevadas del Kilimanjaro, tengo tanto miedo que ni siquiera puedo salir de la cama.

Miedo, supongo, a abandonar esta dulce rutina que, por otro lado, me estaba ahogando con tanta caricia, y lanzarme a la incertidumbre, a la aventura de no saber qué pasará mañana.

Eso, en realidad, no suena a miedo. Miedo era —pienso para calmarme— lo que sentía hace un año, incluso hace unos meses cuando aún no había tomado la decisión de irme: miedo a quedarme atrapada en una vida que no había elegido. En una rutina cómoda y dolorosa que me obligaba a ser alguien que no soy, alguien que no deseo. Condenada eternamente a soñar en lugar de volar. 

Me asustaba tremendamente que la vida fuera eso y que todos esos sueños que no me dejaban dormir por las noches no fueran más que eso, sueños. Y, pensándolo así, ese miedo ha provocado una sucesión de acontecimientos que han derivado en el miedo que siento ahora:

el fascinante nuevo miedo de quien rompe con las cadenas y, tímidamente, libera sus alas para alzar un vuelo en solitario.

La semana pasada, con más pena que gloria, dejé mi trabajo en Territorio Creativo, y también un trocito de alma enterrada en esa oficina de Eloy Gonzalo. Allí dentro encontré una familia inesperada y ellos lo saben, porque sacaron lo mejor de mí cada día. Gracias a ellos volví a creer en mí misma y en el talento de una generación que la mayoría del mundo no entiende.

 

Aléjate de los que menosprecian tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero los realmente grandes hacen que sientas que tú también puedes ser grande. Marc Twain

 

En esa pradera fui tan inmensamente feliz que empecé a pensar que un futuro mejor era posible, y entre pensamiento y pensamiento (así somos los introvertidos), recuperé algunos de mis sueños más profundos, entre ellos, el más grande: el sueño de África.

El sueño de África forma parte de mí desde que de pequeña, en un libro que no recuerdo, leí que en África había colores sin descubrir. Colores no inventados. Y durante muchos años me obsesionó la idea de un continente pintado de colores secretos. Sentía la llamada de las grandes sabanas de una forma demasiado intensa y real como para no haberlas pisado nunca. Pero después empecé a crecer, las distintas obligaciones se fueron sucediendo una tras otra y África se me antojó cada vez más lejana.

Como su sueño, que pasó a ser un sueño dormido. Un sueño olvidado.

Hasta que hace unos meses renació con más fuerza que nunca. Un día me desperté diferente y sentí que era el momento, que no podía pasar ni un segundo más sin comprarme un billete y trazar un plan que me dirigiera al corazón de África.

Fue de repente.

No sé si alguna vez habéis sentido algo parecido. No es un sentimiento al uso como el amor o el odio. Es algo que nace y echa raíces en tu alma, en lo más profundo de tu esencia. Forma parte de ti desde el principio. Y se va reproduciendo por todo tu cuerpo hasta poseerte entero. Te domina, y acabas abandonándote a su deseo (que en realidad es el tuyo), acorralándote a ti mismo y obligándote a hacer lo que, en realidad, siempre has querido hacer. Y lo sabes. Pero te asusta.

Por eso, sin ese algo que nace, crece y se reproduce en tu interior, ese algo que te pone contra las cuerdas y toma por ti la decisión más importante de tu corta vida, jamás lo harías.

Jamás lo harías. Jamás te atreverías a hacer lo que realmente quieres hacer y, a la larga, a ser quien realmente eres.

Así que gracias, mi yo oculto. Mi yo secreto. Mi yo impulsivo. Mi yo que a penas conozco. Gracias infinitas por la inmensa locura en la que me has envuelto…

***
Y así estoy ahora. Con los sueños y los miedos metidos en la misma mochila, y la emoción luchando con el miedo por vencer el pulso. Rompiendo de golpe con todo lo que conozco. A cuatro días de coger un avión con destino el Aeropuerto Internacional del Kilimanjaro (OH DIOS MÍO!!), sola (OH DIOS MÍO!!), sin saber muy bien qué voy a hacer allí, ni qué haré cuando vuelva. Y paradójicamente, eso es lo único que me da calma en medio de esta locura que han sido los últimos meses. Por primera vez en mi vida no tengo un plan más allá de irme a África y eso es lo que tanto anhelaba, lo que me torturaba y me consumía por dentro: dejar de planear la vida y empezar a vivir, plenamente. 

Ponerme a prueba. Y, tal vez, por el camino, acercarme un poco a lo que desde niña he deseado hacer. Eso que siempre respondía a la pregunta de ‘qué quieres ser de mayor’ y que durante los últimos años he acabado viendo tan lejos. Eso que, ahora, me sonríe desde cerca. Más cerca que nunca.

Escribir. Escribir mucho.

Escribir en paradas de autobús y vagones sucios. En mercados bulliciosos y playas desiertas. En viajes de diez horas y en las estrelladas noches de la sabana. Escribir sobre África, sobre sus miserias y grandiosidades.

Escribir sobre lo que viene después del vértigo y del salto al vacío.

Sobre lo que pasa cuando aterrizas (ya veremos si de pie) en la roja tierra africana.

 

CONTINUARÁ… (en África) 

6 Comment

  1. Gonzaventuras says: Responder

    Genial! Enhorabuena por echarle valor. Muy grande! Genial el escrito, trasmite las ganas de viajar. Mucha suerte en tus aventuras! Te leere de vez en cuando. Un saludo!

    1. M. Ares says: Responder

      ¡Gracias Gonzalo! Qué ilusión que me leas :) espero que a ti te esperen también muchas aventuras y que nos veamos pronto por el mundo. Un abrazo!

  2. Isabel says: Responder

    Hola bonita! Me encantan tus palabras porque algunas de ellas reflejan parte de lo que yo también siento. Esa rutina que te ahoga y te hace dejar de ser tú misma y esas ganas de algo diferente me han lanzado a mí a algo parecido pero a la vez muy distinto. Espero que tu viaje te llene totalmente. Disfruta de esa aventura mágica y quizás hagas que sea que el próximo destino de mucha gente. Un besazo

    1. M. Ares says: Responder

      ¡Hola Isabel! Muchas gracias por tu comentario. Espero que también encuentres lo que buscas en tu nueva aventura, al final, el destino es lo de menos, lo importante es el camino y los motivos que nos llevaron a tomar esa decisión. Y también espero que seas tú una de esas a las que haga querer viajar a Tanzania. Por allí te espero 😉 un abrazo y gracias de nuevo!

  3. Joder, qué vértigo, qué envidia… y qué de sensaciones al leerte!! Estoy segurísima de que te va a ir genial. Te deseo toda la suerte del mundo y por aquí, desde tierras mañas, una lectora del viajómetro esperará cada publicación para flipar con cada una de tus andanzas. ¡Buen viaje, bonita!

    1. M. Ares says: Responder

      ¡Hola Angie! Gracias por tus palabras :) prometo llevarte en estos meses muchas historias hasta tus tierras mañas! Un besazo y nos vemos por aquí. ¡Gracias de nuevo!

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