“Caminito que el tiempo ha borrado…”

portada

Una ciudad, a veces, se olvida de dónde empezó. Eso explicaría porque el barrio de La Boca, donde en 1536 Pedro Mendoza fundó la primera ciudad de Buenos Aires, fue durante tantos años ignorado y condenado a una espiral de olvido y decadencia que hoy luce orgulloso.

via del tren, la boca

Las viejas vías del tren recuerdan que un día, este barrio que emerge justo en la boca de la desembocadura del río de la Plata, generaba una gran actividad portuaria. Hoy marcan la frontera, junto al estadio de La Bombonera, entre la zona turística (Caminito), y el barrio salvaje en el que no te recomiendan adentrarte.

caminito, la boca

Barrio, más que salvaje, humilde. Sus casas de chapa multicolor dieron cobijo a miles de emigrantes españoles e italianos en el siglo XIX. Casas, llamadas conventillos, que ellos mismos construían, compartían y pintaban con las pinturas que les sobraban de pintar los barcos. Eso me cuenta el taxista que me lleva hasta allí, y también, con el pecho ‘enchido’ de honor de barrio, que es un vecino de La Boca.  Por eso no me sorprende que suelte el volante de golpe cuando le digo que yo soy gallega. ‘¡Mi abuelo era de Sada!’ -me responde, con una sonrisa más nostálgica que alegre.

barrio de la boca

El barrio de La Boca, pintoresco y enigmático, posa resignado para el turista. Le baila tangos, le sonríe, le seduce. Y también se deja admirar. Un hogar de emigrantes nunca deja de abrazar al que viene de fuera. Por eso, responde amable al aclamo masivo que generan sus coloridas calles, sus tangos en las aceras, sus balcones, sus conventillos históricos y su gente, tan enigmática como el mismo barrio.

La vida en este lugar del mundo es pausada, humilde y alegre, con arrugas, pero con tiempo de sobra para acariciarlas. A diferencia del resto de Buenos Aires, aquí no hay nada que entender: simplemente pura esencia de barrio. Sin embargo, algo inquietante en el aire deja entrever que no te ganarás esa esencia con una sonrisa, ni con diez. La Boca es indomable y feroz. Traicionera, adictiva e inolvidable.

caminito, buenos aires

colores en caminito

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El querido pintor boquense, Quinquela, revivió el barrio en los años 50. Junto con otros amigos, pintó y restauró sus conventillos, sus puertas y ventanas, sus aceras, sus balcones de hierro… y convirtió la zona en un verdadero museo al aire libre -el primero del mundo- en el que todos querían estar. Una revolución artística contra el abandono que sufría La Boca desde hacía décadas, que cambió el curso de la historia. Hasta cogieron prestado su nombre de un tango:

“Caminito que el tiempo ha borrado,
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por última vez,
he venido a contarte mi mal

(…)”

bicicletería

Desde entonces, el barrio de La Boca y sobre todo, Caminito, han pasado a ser un emblema de la ciudad de Buenos Aires. Sin olvidarnos del fútbol, claro. ¿Qué os voy a contar? En La Boca el fútbol es más que una pasión: es una religión y Maradona, su dios. Dicen que en días de partido Boca-River, estas calles cercanas al estadio de La Bombonera -el templo del fútbol por excelencia- tienen peor aspecto que la guerra de Afganistán. Puedes ver de lo que estoy hablando en el reportaje que Jon Sistiaga grabó con las Barras Bravas argentinas (2012).

republica de la boca

Cómo llegar 

Aunque hay autobuses (colectivos) que pueden llevarte hasta allí, la mejor opción es ir en taxi y volver a coger otro para salir. Los taxis en argentina son muy baratos comparado con España y desde luego es la opción más segura. Caminito, la zona más turística de La Boca, no es peligrosa para el turista porque básicamente, vive de él. Pero Caminito son a penas dos calles, el resto del barrio de La Boca es bravo e inmenso y no te conviene perderte por él, mucho menos por la noche. Para llegar a la boca del riachuelo de la Plata hay que atravesar un puente en el que se ve la cara más amarga de Buenos Aires… Lo mejor es pasar por esta zona en un taxi que te dejará directamente en Caminito.

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