Los colores de Burano

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Cuando llegué a Venecia, no sabía nada de Burano. Pero un par de fotos de casitas de colores que había visto en algunas postales y el dulce nombre de la isla fueron suficientes para llamarme a gritos.

Cogí un vaporetto planeando pasar unas horas en la isla y, al final, me quedé todo el día. Incluso por la noche, en el vaporetto de vuelta, me enfurruñé un poco como una niña caprichosa: quería quedarme en Burano más tiempo. Una semana, tal vez un mes… ¿Por qué tengo que volver a España, a la oficina, a la vida descolorida…?

La pequeña isla de Burano me hipnotizó con sus colores, con sus pequeñas barcas que dormían esperando a que pasara el invierno, con su vida tranquila. En Burano sentí ese incontenible deseo de dejarlo todo y quedarme disfrutando del camino.

Desde ese día, he pasado mucho tiempo pensando en Burano. Estudiando las palabras que necesitaba para describir la increíble fascinación que siente el viajero al dejarse llevar por sus calles. Una y otra vez miraba las fotografías intentando encontrar detalles o adjetivos que me sirvieran para explicar por qué Burano es un lugar único en el mundo. Pero no las encontré.

No sé cómo describir Burano. No sé cómo hablaros de Antonello, el octogenario que conocimos mientras arrastraba una mesa por medio de una plaza y que acabó enseñándonos el pequeño cine de Burano que regenta, en el que cada día proyecta películas para unos vecinos que no les queda nada más que hacer que ver la vida pasar.

No sé como contaros que los colores de Burano son tan intensos que llegan a lastimar. Que la ropa tendida huele a salitre, que los gatos son “de tutti” y la piel de sus gentes no tiene arrugas, sino historias que contar. Que si miras fijamente su torcido campanario te ataca el vértigo y que el “risotto a la buranella” sabe exactamente al olor del mar.

Así que os invito a recorrer Burano conmigo a través de un paseo fotográfico.

¿Quién dijo que el alma de un lugar no puede contenerse en una imagen?  

Allá vamos:

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Impacto inicial: muchos colores
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… y más colores
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Ropa tendida y más colores
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Un vecino que llega a la lonja del pescado, hoy vacía…
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Antonello y Juancho llevando la mesa al cine
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Muchas calles de Burano atraviesan las casas
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Algunas casas están abandonadas y han dejado de pintarse
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pero la mayoría están impecables, como recién pintadas
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Demasiados colores
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La calle della Madonna también atraviesa una casa
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El gatito que nos acompañó y su inseparable bola de papel
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Los gatos de Burano
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¡Quiero entrar en casa!
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El reflejo de Burano y más colores
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En Burano no hay coches, solo bicis y barcas
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El campanario torcido
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La ropa tendida a juego con la casa
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El tiempo que pasa…

Cómo llegar a Burano

Burano es una pequeña isla que se encuentra en la Laguna de Venecia, concretamente al norte de la misma.

Para llegar has de coger un vaporetto en Fondamenta Nuove (directo a Burano) o cogerlo en Piazzale Roma hacia Murano, y de la parada Murano Faro se coge otro a Burano. El trayecto son unos 40-45 minutos con ambas opciones. No te preocupes demasiado por el número del vaporetto, ya que al llegar a los embarcaderos verás grandes carteles con el nombre de Burano o Murano y sabrás cuál coger :)

En cuanto al precio del vaporetto, es bastante elevado (unos 7€ por trayecto). Y como tendrás que cogerlo varias veces, te recomiendo comprar el bono turístico (en cualquier embarcadero): el precio son 20€ y el ticket dura 24 horas. En ese tiempo podrás coger tantos vaporettos como quieras.

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